Naturaleza y misión
El Opus Dei es una prelatura personal de la Iglesia católica.
Fue fundado en Madrid el 2 de octubre de 1928 por San
Josemaría Escrivá de Balaguer. La sede central -con la iglesia
prelaticia- se encuentra en Roma.
El Concilio Vaticano II recordó que todos los bautizados
están llamados a seguir a Jesucristo, a vivir y dar a conocer
el Evangelio. La finalidad del Opus Dei es contribuir a esa
misión evangelizadora de la Iglesia, promoviendo entre todos
los cristianos una vida coherente con la fe en sus
circunstancias ordinarias y especialmente a través de la
santificación del trabajo.
Para alcanzar ese fin, la Prelatura proporciona formación
espiritual y atención pastoral a sus propios fieles y también a
muchas otras personas.
A través de esa atención pastoral se facilita llevar a la
práctica las enseñanzas del Evangelio, mediante el ejercicio
de las virtudes cristianas y la santificación del trabajo.
Santificar el trabajo significa, para los fieles de la Prelatura,
trabajar según el espíritu de Jesucristo: realizar
acabadamente la propia tarea, para dar gloria a Dios y para
servir a los demás, y contribuir de este modo a santificar el
mundo, haciendo presente el espíritu del Evangelio en todas
las actividades y realidades temporales.
La actividad del Opus Dei se resume, por tanto, en la
formación de los fieles de la Prelatura para que desarrollen -
cada uno en su propio lugar en la Iglesia y en el mundo- una
actividad apostólica multiforme, apoyando la tarea
evangelizadora de los pastores y promoviendo a su alrededor
el ideal de la llamada universal a la santidad. En
consecuencia, la labor que llevan a cabo los fieles del Opus Dei no se limita a un campo específico, como la educación, la
atención a enfermos o la ayuda a discapacitados. Como el
Catecismo de la Iglesia Católica recuerda5, todos los
cristianos, sea cual sea la actividad secular a la que se
dediquen -y secular es la situación de los fieles laicos del
Opus Dei-, han de cooperar a solucionar cristianamente los
problemas de la sociedad y deben dar testimonio constante
de su fe.
Rasgos principales de su espíritu
El Opus Dei, desde su fundación en 1928, difunde el
mensaje de la llamada a la santidad de todos los bautizados,
en el cumplimiento del propio trabajo y de las obligaciones
personales de cada uno."El espíritu del Opus Dei (…) tiene como característica
esencial el hecho de no sacar a nadie de su sitio (…), sino que
lleva a que cada uno cumpla las tareas y deberes de su propio
estado, de su misión en la Iglesia y en la sociedad civil, con
la mayor perfección posible". El Opus Dei, con su espíritu
esencialmente secular, sirve a la Iglesia y a la sociedad fomentando la santidad y el compromiso apostólico personal
de los fieles cristianos, ayudándoles a descubrir y asumir las
exigencias de su vocación bautismal en el lugar que cada uno
ocupa en el mundo.
Los fieles del Opus Dei son ciudadanos comunes que en
nada se distinguen de sus iguales, los demás ciudadanos; con
todos conviven y de todos aprenden.
Algunos rasgos del espíritu del Opus Dei son los siguientes:
Filiación divina. El cristiano es hijo de Dios por el
bautismo. Esta verdad básica del cristianismo ocupa un lugar
fundamental en el espíritu del Opus Dei, como enseña San
Josemaría Escrivá: "La filiación divina es el fundamento del
espíritu del Opus Dei". La formación que proporciona la
Prelatura fomenta la confianza en la providencia divina, la
sencillez en el trato con Dios, un profundo sentido de la
dignidad de todo ser humano y de la fraternidad entre los
hombres, un verdadero amor cristiano al mundo y a las
realidades creadas por Dios, la serenidad y el optimismo.
Vida ordinaria. El cristiano está llamado a buscar la
santidad, es decir, la identificación con Jesucristo, a través
de las circunstancias de su vida y de las actividades que
desarrolla. En palabras del fundador del Opus Dei, la vida
ordinaria puede ser "santa y llena de Dios"; "el Señor nos
llama a santificar la tarea corriente, porque ahí está
también la perfección cristiana". Por tanto, todas las
virtudes son importantes para el cristiano: la fe, la esperanza
y la caridad, apoyadas en las virtudes humanas, como la
generosidad, la laboriosidad, la justicia, la lealtad, la alegría,
la sinceridad, etc. Con el ejercicio de las virtudes, el
cristiano se va configurando con Jesucristo. Otra consecuencia del valor santificador de la vida
ordinaria es la trascendencia de las pequeñas cosas que
llenan la existencia de un cristiano corriente. "La santidad
grande está en cumplir los deberes pequeños de cada
instante", enseñaba el fundador del Opus Dei. Son cosas
pequeñas, por ejemplo, los detalles de servicio, de buena
educación, de respeto a los demás, de orden material, de
puntualidad, etc.: cuando se viven por amor de Dios, esos
detalles son importantes para la vida cristiana.
Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar
con el trabajo. La santificación del trabajo ordinario es como
el quicio en el que se apoya toda la vida espiritual del
cristiano corriente. Santificar el trabajo exige realizarlo con
la mayor perfección humana posible (competencia y
honradez profesional) y con perfección cristiana (por amor a
la voluntad de Dios y en servicio de los hombres).
Conforme al espíritu del Opus Dei, cualquier trabajo
honrado, ya sea importante o humilde a los ojos de los
hombres, es ocasión de dar gloria a Dios y de servir a los
demás. "Somos nosotros hombres de la calle, cristianos
corrientes, metidos en el torrente circulatorio de la
sociedad, y el Señor nos quiere santos, apostólicos,
precisamente en medio de nuestro trabajo profesional, es
decir, santificándonos en esa tarea, santificando esa tarea y
ayudando a que los demás se santifiquen con esa tarea".
Caridad y apostolado. Los fieles del Opus Dei se esfuerzan
por dar testimonio de su fe cristiana con ocasión de sus
actividades ordinarias y de su vida de relación. Su apostolado
se dirige a todos los hombres sin distinción alguna, y se
ejerce, primero, con el ejemplo personal, y después con la
palabra. El afán de dar a conocer a Cristo, consecuencia directa de la caridad (es decir, del amor a Dios sobre todas
las cosas y al prójimo como a uno mismo), es inseparable del
deseo de contribuir a resolver las necesidades materiales y
los problemas sociales del entorno.
Amor a la libertad. Los fieles del Opus Dei son ciudadanos
que disfrutan de los mismos derechos y están sujetos a las
mismas obligaciones que los demás ciudadanos, sus iguales.
En sus actuaciones profesionales, familiares, políticas,
económicas, culturales, etc., obran con libertad y con
responsabilidad personales, sin involucrar a la Iglesia o al
Opus Dei en sus decisiones y sin presentarlas como las únicas
congruentes con la fe. Esto implica respetar la libertad y las
opiniones ajenas.
Vida de oración y de sacrificio. El espíritu del Opus Dei
mueve a tener una vida de oración y penitencia para
santificar el trabajo de cada día. Por eso, los fieles de la
Prelatura incorporan a su vida unas prácticas asiduas:
oración, participación diaria en la Santa Misa, confesión
sacramental, lectura y meditación del Evangelio, etc. La
devoción a la Virgen ocupa un lugar importante en sus
corazones. Para imitar a Jesucristo, procuran adquirir el
espíritu de penitencia ofreciendo sacrificios, especialmente
los que facilitan el cumplimiento fiel del deber y hacen la
vida más agradable a los demás, así como la renuncia a
pequeñas satisfacciones, el ayuno, la limosna, etc.
Unidad de vida. La amistad con Dios, las ocupaciones
cotidianas y el empeño apostólico personal del cristiano han
de fundirse y compenetrarse en una "unidad de vida sencilla
y fuerte", expresión habitual de San Josemaría que sintetiza
su visión de la existencia cristiana.La "unidad de vida (…) -enseña San Josemaría- es una
condición esencial, para los que intentan santificarse en
medio de las circunstancias ordinarias de su trabajo, de sus
relaciones familiares y sociales". Como explicaba el
fundador del Opus Dei, el cristiano que trabaja en medio del
mundo no debe "llevar como una doble vida: la vida interior,
la vida de relación con Dios, de una parte; y de otra, distinta
y separada, la vida familiar, profesional y social". Por el
contrario, "hay una única vida, hecha de carne y espíritu, yésa es la que tiene que ser -en el alma y en el cuerpo- santa
y llena de Dios".